Este poema —publicado en el último número de Nostracampus— es un homenaje a un rincón escondido del Parque Grande que hoy se ha perdido, pues ese viejo quiosco de la foto ha dejado de existir, ese viejo quiosco herrumbroso, pero todavía refulgente, brindó a este vate calmosas tardes y vibrantes mañanas cargadas de inspiradoras notas.
¡No! Me resigno a que desaparezca, me revelo contra el hado que ha querido borrar para siempre un lugar de sensaciones y confluencias vitales, de experiencias irrepetibles, y así, tañendo la apolínea lira en comandita con los dioses dejo plasmado mi último canto a ese lugar especial.
Atendiendo a los aspectos formales —de interés para un mejor entendimiento del neodarismo— el poema se compone de una combinación de versos tridecasilabos con otros eneasílabos que han sido cincelados en periodos prosódicos de 5+4+4 y 5+4. Sus rimas son consonantes pero algunos versos han quedado libres para dotarlo de mayor soltura.
Vaguedades crepusculares
En los paseos oscurados de la tarde
cuando las luces policroman a las linfas
en los estanques marmolados,
cuando los cínifes armados con alarde
vuelan febriles sobre glaucos estancados,
y los arbustos de azaleas se adormecen
ante brumosos decorados oniristas,
allí, errabundos y hartos númenes sombríos
sus viejas cuerdas estremecen
contra ventiscas que pincelan cuadros fríos.
Bailan los pinos y cipreses
rasgando el aire con sus coros verdinegros,
lapídeos bancos inmutables palidean,
y los murciélagos corteses
entre chillidos piruetean.
Allí, un pequeño quiosco, abrigo de profetas
—de esos espíritus dañados por el sino—,
muestra su púlpito invocante de la vida,
muestra enigmáticas figuras y siluetas,
vela el salvífico designio de un suicida.
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martes, 12 de junio de 2012
sábado, 12 de mayo de 2012
Un vals fúnebre en Chicago
Poema recitado en la Casa del Estudiante de Zaragoza el viernes 11 de mayo. El poema es un homenaje a los mártires de Chicago, ocho obreros que fueron condenados en 1886 tras un juicio oprobioso por reivindicar la jornada laboral de ocho horas en dicha ciudad. De estos ocho obreros, tres fueron condenados a cadena perpetua, y cinco condenados a muerte, aunque uno de ellos se suicidó antes de ser ahorcado. El poema recoge el momento en que los otros trabajadores se dirigían al cadalso. Hoy día en gran parte del mundo se les rinde homenaje con la celebración del 1º de mayo, día del trabajador.
Un vals fúnebre en Chicago.
Salieron de prisión hasta el cadalso
bajo palabras vagas de sentencia,
dogales en los cuellos tras el mayo,
capuchas que atildaban la tristeza.
Allá en la concurrencia las devotas
miraron inyectadas de tinieblas
¡rieron!; acompañantes como pocas
¡gimieron!..., mas la muerte fue con ellas.
La justicia, siguiendo el reglamento,
la fiesta decoró con candilejas,
el verdugo instaló duros asientos
y el coro interpretó la marsellesa.
Cuatro hombres lívidos pidieron nicho,
cuatro ¡zas! comenzó a tocar la orquesta,
y la danza en vaivén sonambulino
asombró por gentiles ligerezas.
Al fondo de la plebe abigarrada
observó sorprendida una pequeña,
farfulló la canción que en la mañana
comenzara a cantar en su rayuela:
«La horca es un vals barato,
pide etiqueta
de trapo,
zapatos
hondos de suela,
chalina hecha de esparto».
Escriben los cronistas que recuerdan:
"Salieron de prisión hasta el cadalso...".
martes, 10 de abril de 2012
Tiempo de gozo
Este poema es una salutación a la primavera, una discreta pieza que canta y ensalza las beldades, fragancias y colores de esta estación que nos visita.
Publicado en el número de abril del boletín Nostracampus.
Tiempo de gozo
En sutiles sonatinas encalmadas
entran suaves
y adoradas
las esencias de la nueva y colorante primavera.
Silba Invierno, se despide con tendencia
sostenida,
la prudencia
nacarada de Harmonía dulcemente lo cobija.
De los grávidos torrentes murmullantes
—como heraldos
desbordantes—
surgen plétoras de ritmos que embebecen los sentidos.
Y las híades fulgosas
van regando,
—prodigosas—
los estambres hibernados por lo fríos de alabastro.
En los prados y los valles
rayos tibios
a los talles
escondidos los reciben, los saludan y los sirven.
Y a los ojos imperiales del Amor
se descubren
con fragor
los nacientes alborozos de inspirados tremulosos.
Publicado en el número de abril del boletín Nostracampus.
Tiempo de gozo
En sutiles sonatinas encalmadas
entran suaves
y adoradas
las esencias de la nueva y colorante primavera.
Silba Invierno, se despide con tendencia
sostenida,
la prudencia
nacarada de Harmonía dulcemente lo cobija.
De los grávidos torrentes murmullantes
—como heraldos
desbordantes—
surgen plétoras de ritmos que embebecen los sentidos.
Y las híades fulgosas
van regando,
—prodigosas—
los estambres hibernados por lo fríos de alabastro.
En los prados y los valles
rayos tibios
a los talles
escondidos los reciben, los saludan y los sirven.
Y a los ojos imperiales del Amor
se descubren
con fragor
los nacientes alborozos de inspirados tremulosos.
jueves, 8 de marzo de 2012
Prólogo de igualdad
En este día de la Mujer Trabajadora, aunque más acertado resulta decir Día de la Mujer, pues trabajadoras son todas, independientemente de que su trabajo esté o no remunerado, y me refiero aquí a las sufridas amas de casa. Pues en este día, como decía, he escrito un nuevo poema dedicado a todas esas mujeres que con su esfuerzo y labor poco a poco van estrechando los espacios de la desigualdad entre sexos.
El poema aparece en el ejemplar de marzo del boletín de Nostracampus.
Prólogo de igualdad.
A ti que marcas el reloj de la vida
y empujas a este mundo que se suicida
en el odio, desafuero y abrupción.
A ti que sufres en levantes lejanos
donde la amarga celda sella tus manos
a un trabajo que reprime tu inclusión.
Hoy nuestras musas son celosas obreras,
y nuestras hadas mágicas ingenieras
que levantan autopistas de igualdad.
Gallardas plumas bien blanden con valía
las injusticias combaten con porfía
bajo el nombre de una digna sociedad.
Que en esta causa nunca nublen de hastío
miradas profundas que miran con brío
a vidriados firmamentos que partir;
y caigan sobre las ciegas diferencias
declamaciones de esplendentes sentencias
prologando paridades por venir.
jueves, 9 de febrero de 2012
Soneto a Larra
Este soneto ha sido publicado en el nº de febrero de la revista Nostracampus, se trata de un pequeño homenaje al gran maestro del artículo periodístico: Mariano José de Larra (1809-1837) ya que en este mes se cumplen 175 años de su muerte.
1. La caja amarilla aparece en su artículo de "La Nochebuena de 1836" Posible referencia al lugar donde guardaba su pistola.
2. Larra publica en "El Duende Satírico del Día" (1828) bajo el pseudónimo de "el duende", donde se hacen críticas a los aspectos cotidianos de la época. Destaca aquí su artículo "El café".
3. "El Parnasillo" era el nombre de la tertulia que se producía en "El café del Príncipe" y a la que Larra era asiduo.
4. Larra se suicidó sin ver cumplidos los 28 años. El detonante de ese acto fue el rechazo de su amada Dolores Armijo, ahora bien, si uno lee sus artículos finales se intuye un cierto pesimismo vital por esos meses. Tal vez desencantado por la mediocridad política del país, sumado a ciertas desavenencias con compañeros de profesión, y el mencionado fracaso amoroso, fueron hechos que jugaron en contra del espíritu romántico; sea como fuere lo cierto es que el punto y final de su vida se dio de forma trágica con un disparo en la sien el 13 de febrero de 1837, meses antes, por cierto, de ver proclamada la Constitución de 1837 que consolidó el liberalismo en España.
A Larra
—¿Me dirás qué había
en tu caja amarilla?
—«¡Mañana!»(1)
Tú, crítico e incansable periodista
en las lindes del negro oscurantismo;
tú, duendecillo(2) agitador y artista,
satírico, y henchido de heroísmo.
Del Parnasillo(3) fuiste un activista
con levita de buen romanticismo;
con la ironía y tema costumbrista
trató tu egregia pluma al casticismo.
¡Fígaro ilustre, Fígaro nombrado!,
entre las nieblas de la incertidumbre
firmaste el prólogo a una nueva lumbre.
Mas cuando Eros te dejó lacerado(4)
sin amor, sin progreso y libertad,
hallaste en un disparo la verdad.
1. La caja amarilla aparece en su artículo de "La Nochebuena de 1836" Posible referencia al lugar donde guardaba su pistola.
2. Larra publica en "El Duende Satírico del Día" (1828) bajo el pseudónimo de "el duende", donde se hacen críticas a los aspectos cotidianos de la época. Destaca aquí su artículo "El café".
3. "El Parnasillo" era el nombre de la tertulia que se producía en "El café del Príncipe" y a la que Larra era asiduo.
4. Larra se suicidó sin ver cumplidos los 28 años. El detonante de ese acto fue el rechazo de su amada Dolores Armijo, ahora bien, si uno lee sus artículos finales se intuye un cierto pesimismo vital por esos meses. Tal vez desencantado por la mediocridad política del país, sumado a ciertas desavenencias con compañeros de profesión, y el mencionado fracaso amoroso, fueron hechos que jugaron en contra del espíritu romántico; sea como fuere lo cierto es que el punto y final de su vida se dio de forma trágica con un disparo en la sien el 13 de febrero de 1837, meses antes, por cierto, de ver proclamada la Constitución de 1837 que consolidó el liberalismo en España.
viernes, 3 de febrero de 2012
Palabras al atardecer y la fábula del trabajo
Ayer se organizó el acto de "Palabras al atardecer" con gran éxito, no solo de asistencia —se abarrotó la sala— sino de lecturas, he de decir que me alegró en demasía la calidad de los lectores, la única pega fue un pequeño problema de sonido, que algunos —servidor incluido— solventaron poniendo más énfasis si cabe en su recital.
A continuación les dejo uno de los poemas repartidos para la ocasión entre los asistentes y que tuve la ocasión de leer. El poema es un remedo de la fábula de la cigarra y la hormiga, y versa sobre la precariedad laboral que en Europa, y muy especialmente en España muchos jóvenes —y no tan jóvenes— han tenido y tienen que sufrir.
La fábula del trabajo
Trabaja la hormiga con gran decisión
formando en la recua de insectos nervudos;
trabaja y no ceja buscando alimentos
pues sabe que llegan los meses más duros.
Qué gran compañera resulta la hormiga
que siempre trabaja pensando en los suyos;
vahída no queda por verse sin horas,
y bien diligente, levanta los puños.
Al borde del paso se escuchan canciones,
son de una cigarra que muestra atributos;
tañendo su lira denuncia con fuerza,
con letras protesta a un orden injusto.
«Trabaja la hormiga,
¡trabaja, trabaja!;
trabaja la hormiga
por una migaja.»
— ¡Mirad compañeras! —proclama la obrera—
Mirad a ese bardo tocando tan ducho;
trepida su lira con órfico estilo,
mañana veremos su cuerpo ya enjuto.
La riente cigarra seguía cantando,
mostrábase digna cantándole al mundo;
cantaba a la vida, cantaba a los ríos,
cantaba a las Letras: su bello reducto.
Siguió la colonia con paso imparable,
portando sustentos pasaban apuros;
llegados los fríos del hirsuto invierno
las fieles comieron de un pan ya vetusto.
«¿Qué fue de ese bardo que antaño cantaba,
tocaba y leía henchido de orgullo?;
tal vez a su lira dejó por los campos
y presa del hambre ahora es difunto.»
No saben ni piensan que junto a la Reina,
con ricos manjares y frutos maduros,
la buena cigarra le canta a la corte
tañendo la lira disfruta sus lujos.
«Trabaja la hormiga,
¡trabaja, trabaja!,
trabaja la hormiga
por una migaja.»
Pinchar aquí para descargar el poema en PDF
A continuación les dejo uno de los poemas repartidos para la ocasión entre los asistentes y que tuve la ocasión de leer. El poema es un remedo de la fábula de la cigarra y la hormiga, y versa sobre la precariedad laboral que en Europa, y muy especialmente en España muchos jóvenes —y no tan jóvenes— han tenido y tienen que sufrir.
La fábula del trabajo
Trabaja la hormiga con gran decisión
formando en la recua de insectos nervudos;
trabaja y no ceja buscando alimentos
pues sabe que llegan los meses más duros.
Qué gran compañera resulta la hormiga
que siempre trabaja pensando en los suyos;
vahída no queda por verse sin horas,
y bien diligente, levanta los puños.
Al borde del paso se escuchan canciones,
son de una cigarra que muestra atributos;
tañendo su lira denuncia con fuerza,
con letras protesta a un orden injusto.
«Trabaja la hormiga,
¡trabaja, trabaja!;
trabaja la hormiga
por una migaja.»
— ¡Mirad compañeras! —proclama la obrera—
Mirad a ese bardo tocando tan ducho;
trepida su lira con órfico estilo,
mañana veremos su cuerpo ya enjuto.
La riente cigarra seguía cantando,
mostrábase digna cantándole al mundo;
cantaba a la vida, cantaba a los ríos,
cantaba a las Letras: su bello reducto.
Siguió la colonia con paso imparable,
portando sustentos pasaban apuros;
llegados los fríos del hirsuto invierno
las fieles comieron de un pan ya vetusto.
«¿Qué fue de ese bardo que antaño cantaba,
tocaba y leía henchido de orgullo?;
tal vez a su lira dejó por los campos
y presa del hambre ahora es difunto.»
No saben ni piensan que junto a la Reina,
con ricos manjares y frutos maduros,
la buena cigarra le canta a la corte
tañendo la lira disfruta sus lujos.
«Trabaja la hormiga,
¡trabaja, trabaja!,
trabaja la hormiga
por una migaja.»
Pinchar aquí para descargar el poema en PDF
miércoles, 1 de febrero de 2012
Guerras por la paz
Este poema fue leído el día 31 de enero dentro de la jornada de lectura de poemas por la paz, organizado por (Per)-vertiendo palabras aprovechando que el mismo era el Día Escolar por la Paz.
El poema en sí es una crítica a todos esos conflictos que jalonan nuestro mundo y que han sido orquestados por las grandes potencias con la misión —a veces no tan clara— de llevar la paz e instaurar la democracia para mayor gloria de sus ciudadanos.
Guerras por la paz
Escucho hermosos discursos que cuentan
viejas quimeras de mundos mejores,
y en los divanes de piel tintas negras
rubrican guiones.
Se oyen aplausos
en los altares dorados del Orbe,
condescendencias de viejos gallardos
doman las voces.
Gritos de Paz, Libertad, se disuelven
entre las bombas. ¡Purpúreos los brotes!
Los agujeros esconden inertes
cuerpos, los rostros ocultan sus nombres.
Whisky, cerveza o beber Coca-Cola
son discusiones
de última hora.
Son el regalo de los vencedores.
Si anestesiados ya nada decimos
y acobardados tornamos en cómplices,
a aquellos que antes brindamos alivio
condenaremos con odios innobles.
Gritemos Paz
y libertad,
gritemos que
mudos los siervos nunca seguirán.
El poema en sí es una crítica a todos esos conflictos que jalonan nuestro mundo y que han sido orquestados por las grandes potencias con la misión —a veces no tan clara— de llevar la paz e instaurar la democracia para mayor gloria de sus ciudadanos.
Guerras por la paz
Escucho hermosos discursos que cuentan
viejas quimeras de mundos mejores,
y en los divanes de piel tintas negras
rubrican guiones.
Se oyen aplausos
en los altares dorados del Orbe,
condescendencias de viejos gallardos
doman las voces.
Gritos de Paz, Libertad, se disuelven
entre las bombas. ¡Purpúreos los brotes!
Los agujeros esconden inertes
cuerpos, los rostros ocultan sus nombres.
Whisky, cerveza o beber Coca-Cola
son discusiones
de última hora.
Son el regalo de los vencedores.
Si anestesiados ya nada decimos
y acobardados tornamos en cómplices,
a aquellos que antes brindamos alivio
condenaremos con odios innobles.
Gritemos Paz
y libertad,
gritemos que
mudos los siervos nunca seguirán.
domingo, 15 de enero de 2012
Vendrán
Este poema ha sido publicado en la revista NostraCampus de enero de 2012. Se trata de un poema que invoca a la paz y exhorta a la esperanza. Un poema que recuerda los últimos acontecimientos vividos en los países del entorno mediterráneo, donde hemos visto caer, con mayor o menor fortuna, a viejos dictadores para dar paso a incognitas de democracia y líneas de libertad. Pero aún así, tenemos que ser conscientes de que a los amigos del sur les queda mucho por hacer, y que su aventura no ha hecho más que empezar, pues el caso de Egipto es el mejor reflejo de que la caída de un dictador no siempre conlleva la conquista de la democracia.
Vendrán
Invoco a la paz con diptongos
unidos con lazos palmarios,
la exhorto a secar nuestro pozo
hondo y nefando.
Ya su haz de ilusión arremete
contra los altares nevados,
y cae otro dios displicente
hosco y tirano.
Las cumbres medrosas se hollan,
se clavan banderas de blanco,
se tallan en sólidas rocas
nuevos prefacios.
De la arena llegan mil gritos
que piden ansiados los cambios,
partiendo valientes los hijos
rugen sus cantos.
Despiertan los cielos, y riegan
con lluvias los campos secanos,
legados de paz ya se acercan:
lucen colmados.
Vendrán los días de fortuna,
vendrán los días sin espanto,
y así diremos entre hurras:
«¡ya lo logramos!».
sábado, 24 de diciembre de 2011
Nueva sección: Pablo Delgado, poeta
Antes de acabar el año queríamos estrenar una nueva sección.
L@s compañer@s de Estudiantes en Defensa de la Universidad todos lo meses editan la revista universitaria Nostracampus; este año como novedad Pablo Delgado, un joven artista aragonés, nos regala cada mes uno de sus poemas.
Desde Per-Vertiendo Palabras queremos difundir la cultura todo lo que nos sea posible, por eso desde ahora todos los meses colgaremos los versos de Pablo Delgado; y será él mismo quien nos cuente el cómo y el por qué de sus poemas.
Os dejamos con el poema publicado en el Nostracampus de diciembre.
¡Denuncia!
Asfixia al aliento el torvo maltrato,
cual soga silente aprieta los cuellos,
y muestra vergüenza, malos atropellos
dejando su rastro estupros de amor;
dolores, pesares, viejos temores,
cual duro veneno acortan la vida,
y sufren los otros marca y herida
que enseñan al mundo oscuro dolor.
¡Denuncia!, tu presente deja blanco,
¡descubre!, a ese cobarde que arrincona,
¡sé fuerte!, como brava la amazona
que se supo valiente defender .
"Los hombres ya no matan lo que aman"(1),
contra el odio la vida se revuelve
y a la espada el valiente la disuelve
en los vivos crisoles del querer.
¡Dignidad!, alza ahora tu semblante
pues los miedos ya fueron derrocados,
los piélagos bermejos desecados
por los justos procesos del bullir.
Y así verás al orto en tu paisaje
prodigando matices de colores,
esperanzas, pletóricos valores
que dibujan un nuevo resurgir.
P. Delgado
(1) Y todos los hombres matan lo que aman... de "La balada de la cárcel de Reading" Oscar Wilde
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